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  • Por: Mg.Erika Oliva Basante

     

    La propuesta que se hace desde la Economía del Cuidado es: Reconocer, Reducir y Redistribuir.

    Cuidar, un acto que desde siempre ha sido necesario, importante para la sociedad y que permite el desarrollo de los seres humanos.Cuidar de nosotrxs mismxs, cuidar de lxs otrxs, cuidar de la naturaleza, cuidar de la sociedad;a lo largo de la historia, esta labor ha sido mayoritariamente asumida por las mujeres, es un tema que desde el feminismo en este momento es vital, puesto que la única manera de sobrellevar esta crisis mundial es a través del cuidado.

    La Economía Feminista es una rama de estudio reciente al interior de los estudios de Género y se incluye en los años 90´s con la creación de la Asociación Internacional para la Economía Feminista—IAFFE. es “una organización sin ánimo de lucro que busca avanzar en la investigación feminista de los asuntos económicos y educar a las economistas y otras personas en los puntos de vista feministas sobre los asuntos económicos. IAFFE fue concebido como resultado de discusiones en grupos pequeños en la Conferencia de la Asociación Económica Americana, en Washington, DC, en 1990”[1]. Importante esfuerzo y trabajo que ha permitido avanzar en la visibilización y denuncia de las inequidades de género.

    Esta rama de estudio, ha puesto de manifiesto el potente tema de la Economía del Cuidado y hace referencia al trabajo realizado para el cuidado de la vida, el bien común, el buen vivir;responde a las necesidades de las y los integrantes de los hogares;trabajo que debe realizar de manera permanente, es un concepto que surge de la necesidad de generar rupturas en torno a las apuestas y teorías de la economía tradicional y tiene como fundamento la revisión y enunciación de las necesidades de cuidado, que se hacen evidentes en el sistema capitalista-neoliberal y patriarcal;como también la carga que se ha impuesto a las mujeres en los trabajos no remunerados, específicamente en los del servicio doméstico.De igual manera, plantea visibilizar las actividades de no mercado y cuestionar elhomo economicus .

    Según un artículo del Espectador[2] , “a finales del año pasado, la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer del Congreso de la República manifestó que el 80% de las mujeres colombianas son trabajadoras no remuneradas del hogar.Y pese a la falta de reconocimiento de las actividades domésticas, las cifras del DANE en 2017 reportaron que las actividades del cuidado remunerado y no remunerado en Colombia (alimentación, limpieza, mantenimiento del hogar, planchado, cuidado de seres dependientes) representaron el 20% del Producto Interno Bruto.Estas labores equivalen a 185,7 billones de pesos al PIB de 2017.

    La Economía del Cuidado aborda temas de altísimo interés en este momento, como el bienestar propio, el bienestar común, las brechas y vulneraciones generadas en torno al género o por el hecho de ser mujer, la invisibilización de las labores de cuidado que tienen que ver con las labores domésticas y con las de cuidado de personas que son dependientes, temas y problemas que requieren ser puestas en el centro de la reflexión en este momento en el que la vida se ha constituido en un volver a las relaciones familiares y al cuidado mutuo.

    El abordaje técnico del cuidado permite que entendemos las cargas y las responsabilidades que tenemos las mujeres en momentos de crisis como las que estamos viviendo actualmente a un nivel mundial y es que para la sociedad, el cuidado depende de las mujeres y así se han sostenido las grandes élites económicas y políticas: con mujeres que están colocando su vida al servicio de la humanidad, entonces;¿Qué estamos haciendo ahora?¿Cuál es nuestro papel en épocas donde el lugar más seguro es la casa?¿Seguimos reproduciendo la normalización en la que la mujer es la única que sabe día y noche lo que hay que comer o lo que hay que vestirse?O estamos respondiendo a los nuevos movimientos de la humanidad, especialmente en torno a la resignificación del lenguaje y nos planteamos la posibilidad de ser parte en los laboratorios domésticos.

    La propuesta que se hace desde la Economía del Cuidado es: Reconocer, Reducir y Redistribuir.Reconocer para darle valor al cuidado y trabajo no remunerado, valor que debe ser también cuantitativo.Reducir para implementar políticas que reducen la carga en las labores de cuidado, especialmente las mujeres y Redistribuir para que las relaciones se transformen y en mi concepto una de las principales vulneraciones en las mujeres se supere;La vulneración específica por la acción específica del rol de cuidado a la mujer.En el reorganizar las relaciones en el hogar, se transforman también los mensajes machistas y patriarcales que hay detrás de estos mandatos.

    Es uno de los ejes centrales de este momento, la economía del cuidado, asumirlo permite contribuir a las luchas de las mujeres sean efectivas en el ambiente más cotidiano que es la casa, la familia, el hogar en todas sus diversidades.

    [1] http://www.iaffe.org/pages/about-iaffe/history/.

    https://www.elespectador.com/noticias/cultura/hacia-un-sistema-integral-de-cuidado-remunerado-y-no-remunerado-en-colombia-articulo-866228[2]

    Imagen: Power Paola.En Feminismos Mucho Cuidado https://www.google.com/search?q=economia+del+cuidadado+un+enfoque+feminista&sxsrf=ALeKk001CMMR4P31b_c6-TyJW05P7z1uZQ:1586659709231&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=2ahUKEwjmj-SC8OHoAhXEdN8KHfsTAi0Q_AUoAXoECA8QAw&biw=1349&bih=520# imgrc = 0LUipEcVJg-SCM

  • Por: Isabel González. En: Pikaramagazine. - 

    Pensemos en cada enfermera, auxiliar, médica, limpiadora, cuidadora mientras aplaudimos en nuestro balcón a las ocho de la tarde.

    Enfermeras, limpiadoras, cuidadoras de mayores, auxiliares, técnicas, internistas, cajeras.No cuesta mucho percatarse de que en esta 'guerra' del coronavirus son quizás las mujeres que están más luchando en primera línea de fuego, peleando cuerpo a cuerpo contra el enemigo.Y esto es una novedad en tiempos de 'guerra', con comillas porque podrían tener mucho que discutir sobre la conveniencia de la terminología bélica para relatar la pandemia.En todo caso, dado que el uso de esta jerga se ha impuesto, resulta interesante destacar la inmensa cantidad de mujeres en el campo de batalla de esta contienda.Por supuesto, también hay mujeres y no mujeres dejándose la piel en la retaguardia e infinidad de sectores implicados en terminar con el coronavirus: investigación, gobierno, transporte, policía, ejército, fábricas, distribución, etc.Pero esta vez, en esta guerra mundial vírica, resulta elocuente el número de ellas enfrentándose cara a cara con el adversario, respirando su aire contaminado, jugándose el pellejo.De hecho, una enfermera del País Vasco de 52 años ha sido la primera víctima del sector sanitario tras dar positivo en Covid-19.

    Muchas de estas luchadoras, como era de prever, tampoco cobran lo justo, pero esta característica no resulta llamativa ya que los menos privilegiados siempre les toca hacer lo mismo, de carne de cañón.Lo destacable desde una perspectiva militar es que ellas pueden ser mayores en el frente.¿Destacable por qué?Destacable uno: porque nunca había sucedido a pesar de que ya lucharon en las guerras griegas de Esparta y Atenas en el siglo IV a.C., en el asedio de Constantinopla en 626 y en las dos Guerras Mundiales.Y destacable dos: porque los héroes de las mujeres suelen desaparecer con demasiada velocidad de la Historia una vez acabada la contienda.¿Pretendo hacer de menos a nuestros guerreros?No. ¿Se debería erigir un monumento a quienes combaten en esta batalla?Dada la insistencia en el heroísmo del cuerpo sanitario tampoco estarían mal.Ya se verá.En todo caso y de momento, dejemos constancia del hecho. Pensemos en cada enfermera, auxiliar, médica, limpiadora, cuidadora mientras aplaudimos en nuestro balcón a las ocho de la tarde. Estamos dando la cara por nosotros —y sin mascarilla— en esta guerra cuyo enemigo invisible se inspira y puede que caduca.En esta guerra que, seamos frecuentes, ya no consiste en matar sino en cuidar, sanar, limpiar, alimentar.En salvar vidas.El campo de batalla son ahora los hospitales, las residencias de ancianos, los hoteles y los parques feriales convertidos en estancias médicas dada la saturación de personas enfermas y la tenacidad del rival coronavírico.

    Miro las cifras del 3 de abril.Se han infectado más de 17,000 personas del sector sanitario en todo el territorio español, un 14,6 por ciento del total de contagios, y una de las principales causas ha sido el contacto con pacientes debido a la carencia de equipos de protección individual: mascarillas , batas, guantes, gafas.Se hacen delantales con bolsas de basura.Tampoco hay respiradores para las personas enfermas.No hay prueba de detección.

    ¿Están yendo a la guerra sin armas ni escudos?

    Miro las últimas cifras del INE y en 2018, el 68 por ciento de todos los y los profesionales sanitarios colegiadas fueron mujeres.Un porcentaje que se dispara en Enfermería, donde alcanza el 81 por ciento: guerreras: primera línea de fuego.

    El porcentaje de mujeres cuidadoras de mayores y limpiadoras salta a la vista y los contagios se disparan entre ellasCasi la mitad de las empresas de limpieza de los hospitales de Madrid está infectada o aislada .En las plantillas de residencias de mayores de Cataluña se han cifrado más de 3.000 contagios.

    ¿Heridas de guerra?

    Tomo el título de este artículo de una variación del libro de la escritora, periodista y Premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich La guerra no tiene rostro de mujer. En él, Alexiévich hace hincapié en que casi un millón de mujeres combatió en las filas del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial, pero su historia nunca fue contada. Ellas regresaron a la vida doméstica y no volvieron a hablar de la guerra o lo hicieron entre amigas y en voz baja. Alexiévich recoge los estremecedores testimonios de estas francotiradoras, instructoras sanitarias, zapadoras, comandantes de cañón antiaéreo, tiradoras de ametralladora, etc. «No se ha relatado la guerra femenina sino la masculina —dice la Premio Nobel—. En lo que narran las mujeres no hay lo que estamos acostumbrados a leer y a escuchar: cómo unas personas matan a otras de forma heroica y finalmente vencen. Los relatos de mujeres son diferentes y hablan de otras cosas. Tiene sus propias palabras. En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana». Tan inhumana esta vez como verse en la obligación de sostener la mano de gente enferma, en especial anciana, a la que se deja morir por falta de recursos. Tan humana.

    Con la resonancia del texto de Alexiévich en mi cabeza, repaso algunos vídeos protagonizados por personal sanitario femenino, subidos a las redes estos días de contienda. En uno de ellos, una enfermera joven de ojos como faros al borde de las lágrimas exige que no salgamos de casa y que miremos su cara entumecida y amoratada tras diez horas de trabajo con un equipo de protección por el que además da las gracias ya que «esto que viene es muy gordo. No hay camas, no hay respiradores, no hay personal, no hay equipos de aislamiento». No hay miedo a llorar.

    A veces me recuerdan a los liquidadores de Chernóbil que desinfectaron la central nuclear radiactiva con trajes de chichinabo y a veces, cuando salen del hospital tras largas jornadas, los moratones que el equipo de protección dibuja en sus rostros parecen pinturas de guerra. Sí. De esta guerra no guerra.

    En otra grabación, dos mujeres que trabajan en un hospital gaditano cantan con gracia andaluza cómo desinfectar con lejía las estancias para no contaminar al siguiente turno. «La guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación y su espacio», dice Alexiévich. También sus canciones. Y sus bailes, como la interpretación de Single ladies, de Beyoncé, en un vídeo glorioso: pura vitalidad. «Ellas hablan de la parte no heroica de la guerra», afirma la escritora bielorrusa. ¿Pero qué es un héroe? Un héroe es una «persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble», según el diccionario. Y sorprende esta definición tan alejada de ‘supermanes’ y de monumentos ecuestres soberbios. ¿Habíamos olvidado la abnegación como condición del héroe? ¿Y el buen humor? ¿O es que tal vez la causa noble no sea matar sino curar, cuidar, limpiar, atender, escuchar, hacer felices, salvar vidas?

    Salvar vidas a capa y espada.

    No.

    Salvar vidas a mascarilla y respirador.

    De ahí que la imagen de estas heroínas pintada por el artista Franco Rivolli, convertida en símbolo en Italia, suscite sensaciones ambivalentes. Se trata de una enfermera con alas, de una enfermera-ángel acunando maternalmente la silueta de una Italia envuelta en la bandera del país. Una imagen popular y deliciosa. Pero una imagen también demasiado contemplativa y espiritual dado el ímpetu, la energía, la acción y el valor puestos en marcha por estas luchadoras a quienes yo veo más bien como a la teniente Ripley de la película Alien. Con equipo de protección y respirador en mano, combatiendo al bicho que se coló en la nave por no cumplir la cuarentena.

    Venga, ahora con los pies en la tierra. Ángeles no. Tenientes peliculeras tampoco. Mujeres. Humanas. Mortales.

    Fuente: pikaramagazine.com/2020/04/esta-guerra-tiene-rostro-de-mujer/ |11/04/2020 | Feminismos

     

  • Entrevista aYuri Sirleny QuinteroLideresa del Putumayo amenazada.

    En medio de su grave situación personal en materia de seguridad, en medio de una arremetida de la fuerza pública (Erradicadores de Antinarcóticos y ESMAD) y de amenazas y asesinatos de los grupos paramilitares contra líderes y lideresas sociales del Putumayo, Yuri accedió a darle esta entrevista a tejiendoterritorios.co

    El Putumayo es un Departamento de una larga historia de afectación por el conflicto social, político y armado, que se intentó solucionar con la firma de los acuerdos de la Habana en el 2016. Pero la agresión a las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes no ha parado, ni de parte de las políticas estatales que priorizan la fumigación y la fuerza por encima del diálogo y la concertación, para afrontar la problemática social y económica de la siembra y el uso ilícito de los cultivos de coca, como por los paramilitares y grupos armados ilegales que intentan controlar los negocios, las dinámicas sociales, económicas y culturales, pero también la explotación de los recursos naturales que aún quedan en este territorio fronterizo con el Ecuador.

    Yuri Sirleny Quintero, nacida en florida Valle, con 37 años, casi 20 de ellos dedicados a liderar y hacer el bien entre las comunidades donde ha convivido. Llegó al Putumayo en el año 89, como millones de colombianos y colombianas, desplazada forzadamente junto con su familia, quienes les ha tocado sufrir la violencia cíclica e histórica. En el año 2000, fueron nuevamente amenazados nuevamente y les tocó desplazarse de zona urbana a zona rural del mismo departamento, tenido que vivir de manera casi que nómada de un municipio a otro. ¿Como entender tanta convicción y compromiso con su comunidad en medio de la violencia contra ella y su familia?  No hayo otra explicación que el amor a su familia y al prójimo, especialmente aquel más necesitado y excluido.  Su familia es parte de la historia de las luchas campesinas desde siempre.

    Esta valiente y comprometida lideresa se ha destacado por el amor a la defensa de los DDHH y Derechos Colectivos, le apasiona la búsqueda de soluciones y alternativas de vida y sobre vivencia para las comunidades campesinas, bajo la lógica del empoderamiento en el campo y la transformación social y económica del mismo. En el año 2004 fue cofundadora con varias organizaciones sociales y campesinas de territorio fundaron y consolidaron el Sindicato de Trabajadores Campesinos del Cordón Fronterizo del Putumayo SINCACFROMAYO. En el 2011 fue cofundadora también de la Red de Derechos Humanos RED de DDHH. 

    Usted es una mujer valiente que lidera procesos sociales en el Putumayo. ¿Porque la quieren acallar? ¿A qué le temen quienes la amenazan a usted y a sus compañeros?

    Como lideresa y defensora de Derechos Humanos en Putumayo, considero que somos hoy la piedrita en el zapato de intereses y propósitos al rededor del Negocio del Narcotráfico, la tierra y los recursos naturales de nuestros territorios. Como también de negocios o proyectos trasnacionales, que producen inestabilidad, social y económica de las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, sobre todo porque nuestra labor se fundamenta en acciones reales y directas de denuncia y visibilización de las problemáticas y violaciones de DDHH desde cada comunidad con verificación de cada caso según corresponda.

    ¿Qué se disputan? ¿Qué buscan controlar los grupos que atacan y asesinan a líderes y lideresas en el Putumayo?

    Se disputan el territorio, las zonas de alta presencia de cultivos de uso ilícito, con rutas de frontera y hacia el interior del país. La situación es más o menos grave en esta disputa, según sea el grupo, mecanismos y metodologías de terror y reclutamiento que adoptan los grupos armados ilegales en las zonas priorizadas y controladas por ellos.  Aunque la explotación de los recursos minero energético, se ha logrado detener en parte, por las distintas tutelas y demandas que han interpuesto las organizaciones y comunidades a empresa como Gran Tierra, por ejemplo, sigue desarrollándose en nuestro departamento una alianza entre sectores políticos y empresas que financian campañas, para mantener sus beneficios económicos tras los proyectos de gran envergadura que aún existen en nuestros territorios. Es una alianza cómplice que hoy despierta nuevamente el terror al interior de las comunidades. Esta alianza busca mantener el poder y el control sobre la zona fronteriza que sigue siendo geoestratégicamente muy importante para todos esos interese aliados.

    ¿Qué es lo que está pasando en el corredor Puerto Vega - Teteyé - Puerto Asís? ¿Porque allí?

    El corredor puerto Vega - Teteyé, históricamente ha sido alfombra del narcotráfico como zona de alta estrategia para el negocio, por las rutas de fácil acceso para el vecino país de ecuador y las rutas al sur latinoamericano. Es una zona con una alta infraestructura petrolera que mueve una importante economía local. Es un territorio altamente sensible desde el punto de vista ambiental e hídrico. Es un territorio muy fértil que comparten campesinos en su materia, e Indígenas de los Cabildos Nasa Kiwenxusxa, Nasa Fxiu. Fue un corredor histórico de las guerrillas hasta la firma de los acuerdos de paz. Habría que decir que no es solo este corredor, es también el Bajo Putumayo, es también Mocoa, e incluso el Alto Putumayo, quienes también sufren violaciones a sui derechos humanos

    ¿Cuántos líderes y lideresas han sido asesinados en el Putumayo desde que se firmó el acuerdo de Paz?

    Con la firma de paz tuvimos mucha esperanza de poder vivir tranquilos y en paz. En putumayo han sido asesinados desde que se abrió esa ventana de esperanza, alrededor de 28 líderes sociales y comunitarios, entre ellos también excombatientes que trabajaban por su reincorporación a la vida civil, dirigían y participaban en proyectos productivos para dejar la guerra atrás. 

    ¿Qué responsabilidad les cabe a los gobernantes locales, departamentales y nacional y a las instituciones competentes en garantizar la vida de líderes y lideresas?

    Ellos deben asumir toda la responsabilidad, ya que tienen la misión fundamental, de velar por la vida, bienestar, y tranquilidad de los habitantes del departamento y el país, además, son los responsables de hacer cumplir los programes y proyectos que acojan las propuestas de cambio y seguridad para las comunidades en general, que se cumpla las normas y protocolos que en términos de seguridad aportar a la estabilidad de los territorios. El Estado y el presidente en especial, son los responsables que podamos seguir viviendo y trabajando por el bien de nuestras comunidades. 

    Usted ha sido amenazada varias veces y ahora, hace pocos días, recibió otra amenaza junto al Diputado Yule Anzueta y Wilmar Madroñero líder social ¿Ha recibido usted las medidas de garantías y de seguridad para seguir haciendo su trabajo como defensora de DH y lideresa social?

    Lastimosamente no. He contado con un apoyo y acompañamiento del Ejercito y la Policía bajo los protocolos que en Zona Urbana y Rural ellos tienen para con Líderes sociales, pero son muy limitados estos acompañamientos y no son permanente.  Se me ha hecho en varias ocasiones desde el año 2017 estudios de riesgo que han arrojado riesgo extraordinario y sin embargo me han entregado, el botón de pánico, celular como medio de comunicación y un chaleco, hasta ahora eso es solo lo que he recibido como protección. Desde la organizaciones y procesos sociales hemos denunciado ante las entidades de investigación y seguimiento a nuestra situación en el putumayo, no se ha atendido ni siquiera la urgencia en construir y materializar acciones de prevención, protección y garantías de no repetición para con el departamento en general, por el contrario, se ha puesto mucho más en riesgo nuestras vidas e integridad social, con mecanismos de acciones con daño.

    * Desde tejiendoterritorios.co, conocemos el valor moral, ético y estratégico para el presente y el futuro de los territorios y sus comunidades.Abogamos y solicitamos al Estado colombiano, Al presidente Iván Duque, la protección inmediata de Yuri Sirleny Quintero, Yule Anzueta y Wilmar Madroñero y todos y todas las lideresas del Putumayo y del país.  

  • Se convoca e invita a mujeres en embrazo hasta el 7°.mes a inscribirse.Se solicita a organizaciones comunales, comunitarias y sociales, no gubernamentales, privadas y publicas a difundir e invitar a las mujeres en embarazo a inscribirse en el programa.

    El proyectoBien Nacer , busca prevenir las consecuencias irremediables en el desarrollo intelectual y físico en los niños y niñas que deja el bajo peso al nacer.

    Este proyecto se actualizó en la administración pasada como un pacto Social Salud Humanista de iniciativa ciudadana, para atender y resolver los altos índices de registros de bajo peso al nacer, niños que nacen con menos de 2.500 gramos."Es estratégico para el presente y el futuro de la niñez de Pasto" indicó la Dra.Estela Cepeda Vargas, Veedora en Salud y proponente del proyecto.

    La administración actual de Pasto ha decidido, en buena hora, darle continuidad al programaBien Nacer por considerarlo de alto interés y de gran beneficio para las madres y las nuevas generaciones que nacen en la capital nariñense.

  •   Por: Mujeres Nariñenses por la Paz.

    El pasado 6 de mayo Mujeres Nariñenses por la Paz tuvieron la oportunidad de compartir un espacio de conversación con mujeres representantes y lideresas del sector rural.El objetivo central fue conocer y compartir experiencias de vida de las mujeres rurales (campesinas, indígenas y afrocolombianas) durante el período de contingencia y mitigación frente a la pandemia COVID-19, en Colombia y en particular en el departamento de Nariño.

    En este conversatorio nos acompañaron Yuli Artunduaga (CSIVI), Leydi Yesenia Guancha (Comunidad Indígena Municipio de Cumbal), Sandra Patricia Panchalo (COCCAM - Nariño), Carmen Rodríguez (Afromuvaras – Tumaco).

    ¿Qué nos contaron las mujeres?

    Entre las reflexiones compartidas se reafirmó que si bien esta pandemia afecta a todas las personas, los efectos sociales y económicos, no tienen el mismo impacto para los diferentes grupos poblacionales. En particular para las mujeres, la amenaza de contagio por COVID -19 complejiza aún más su condición de vulnerabilidad, inequidad y discriminación social histórica.

    Las lideresas invitadas coincidieron en que uno de los derechos más vulnerados para las mujeres, es la exclusión de espacios efectivos de participación social y política. El aislamiento social, las responsabilidades familiares y actividades domésticas otorgadas históricamente a la mujer, afectan de manera significativa las dinámicas de participación que se han ganado en los diferentes espacios. Es así como, desde los sectores rurales las mujeres venían liderado procesos de movilización en exigencia de la implementación de los Acuerdos de Paz, y dentro de este, la implementación de proyectos productivos, la adjudicación y legalización de tierras, los programas de sustitución de cultivos de uso ilícito, el acceso a subsidios para el trabajo agropecuario,  la salvaguardia de los derechos e identidad de los territorios indígenas, entre otros procesos y proyectos, que ahora se encuentran aún más estancados que antes de la propagación de la pandemia.

    De igual forma, las mujeres rurales por esta época, se han visto afectadas por la disminución de sus ingresos. Recursos percibidos gracias al trabajo del día a día, en diversas actividades económicas e independientes, que desarrollan en jornadas extenuantes, largas y con horarios indefinidos, situación que también se ha agravado por la pandemia. Ingresos que son utilizados para su manutención y la de sus familias. Esta situación pone en riesgo el avance de las mujeres en relación con su autonomía económica y junto a esta, el bienestar de ellas y sus familias. 

    De manera más general, otra dificultad identificada, es la distancia entre las veredas y los centros poblados, donde el acceso a servicios de salud, educación, sistema sanitario, alimentación y otros es precario.

    Los resguardos indígenas, comunidades campesinas y comunidades negras, ubicadas en el cordón fronterizo del Departamento de Nariño, a través de las guardias indígenas, los Consejos Comunitarios y las organizaciones sociales, se han visto en la necesidad de proteger sus poblaciones expuestas al riesgo de contagio por COVID-19, ante la movilidad permanente de personas por esta zona del departamento, y que algunas son provenientes del Ecuador.

    A esta situación se suma el confinamiento al cual se ven obligadas algunas de estas comunidades por causa del conflicto. Las comunidades indígenas como los AWA, y los Pastos, el resguardo de Mayasquer en Cumbal, por ejemplo, antes de la pandemia ya se encontraban aislados en sus territorios, con escaso o nulo contacto con el exterior, donde se ha hecho más evidente la ausencia del apoyo ofrecido por el gobierno nacional y por las administraciones local y departamental.

    Una preocupación adicional a las ya planteadas, es la salud mental de estas comunidades, quienes de un día a otro han tenido que cambiar, en cierta medida, sus rutinas de trabajo, y no cuentan con información clara y oportuna sobre la situación sanitaria por la cual atraviesa el mundo. Los medios de comunicación presentes en el territorio, son de poca ayuda, la información que llega es precaria y ha generado zozobra y pánico, ante el posible contagio por COVID-19.

    Algo para resaltar, es que la cuarentena nos ha dejado ver como las mujeres junto a sus comunidades desde sus territorios han diseñado estrategias de vida, con el manejo de economías propias, prácticas de educación y salud tradicionales ancestrales, estrategias que en estos momentos se han convertido en herramientas muy valiosas para enfrentar la crisis, también a ellas como medida de mitigación, les ha permitido estar más cerca de sus familias especialmente de los hijos e hijas, y con su comunidad generar estrategias para el trabajo comunitario, a través de medios tecnológicos. Sin embargo, existe una gran preocupación por el incremento de casos de violencia intrafamiliar. 

    Ante estas problemáticas, ¿qué se propone?

    • Desde las autoridades locales, departamentales, nacionales diseñar estrategias de participación efectiva de las mujeres a través de medios remotos. Para ello será importante la capacitación y dotación de medios tecnológicos, que permita a las mujeres continuar participando en los diferentes espacios de incidencia en políticas, planes y programas sociales y económicos dentro de los municipios y los departamentos.
    • Motivar a la participación activa de las mujeres en la formulación de los planes de desarrollo municipal y departamental. Frente a los cuales se llama la atención de repensarlos en el marco de la actual situación de pandemia, que por sus características, requiere de medidas en el corto, mediano y largo plazo, siendo insuficientes e insostenibles las medidas asistencialistas que actualmente están asumiendo las administraciones. De la misma manera, desde las comunidades indígenas, articular los Planes de Vida de estas comunidades, en la elaboración de los Planes de Desarrollo.
    • Contemplar en los Planes de Desarrollo el apoyo y acompañamiento técnico y financiero a las actividades que contribuyen a garantizar la seguridad alimentaria dentro y fuera de los territorios. Es muy importante el papel que las mujeres rurales – indígenas, campesinas, afrodescendientes – desempeñan en la producción de alimentos, desde sus Chagras, desde sus huertas caceras, desde la producción artesanal. Trabajo que generalmente o no es remunerado o la remuneración no corresponde con el trabajo que desempeñan.
    • Fortalecer el liderazgo que pueden ejercer las mujeres en la implementación de medidas sanitarias, de autocuidado y apoyo a programas sociales y económicos en época de pandemia. En este sentido, hay que destacar el importante papel de ellas en prácticas de medicina ancestral, y educación propia, actividades escasamente reconocidas y valoradas. Es una oportunidad para que las mujeres rurales queden integradas en los Planes de Desarrollo como seres humanos visibles, proactivas, impulsoras de procesos de buen vivir dentro de sus comunidades.
    • Fortalecer y valorar la participación y el liderazgo de las mujeres en los espacios de comunicación y difusión de información como la radio, medios a través de los cuales las mujeres pueden desarrollar un ejercicio pedagógico, frente a diferentes temas, entre ellos el autocuidado ante violencias de género, el Acuerdo de Paz, el manejo sanitario ante la pandemia del COVID – 19, la soberanía alimentaria, entre otros temas de interés.
    • Dotar a la guardia indígena en la que también participan mujeres y niños, que presta la seguridad en los 11 resguardos de frontera de elementos de bioseguridad y beneficiarlos con las ayudas teniendo en cuenta que es una labor voluntaria.
    • Finalmente y en general, garantizar los derechos de estas comunidades a una vida digna y con calidad en la prestación de los servicios y atender de manera urgente el histórico abandono al que se ha visto sometida esta población.

    Las mujeres rurales (indígenas, afrocolombianas, campesinas) potencian los territorios y sus recursos en favor del bienestar y buen vivir de las comunidades. Las Mujeres Nariñenses por la Paz demandamos a los gobiernos locales y nacional, mayor atención a la problemática de las mujeres rurales y esperamos que esta época de pandemia, contribuya a impulsar y fortalecer su participación en los diferentes escenarios sociales, políticos y económicos dentro de los territorios y de la sociedad en su conjunto.

  • Por:Mujeres Nariñenses por la Paz.

     

    El pasado 11 de marzo de 2020, la OMS declaró la pandemia mundial e instó a todos los países del mundo a planificar y ejecutar acciones para la contención y mitigación de la pandemia. En Colombia, mediante Decreto 417 de 17 de marzo de 2020 se declara el estado de emergencia económica, social y ecológica con todo el territorio nacional, lo que conlleva la adopción e implementación de acciones en todos los escenarios de la vida familiar, social y económica. En Colombia, desde el año 2017 se “avanza” lentamente en la implementación de los Acuerdos de Paz firmados en el mes de noviembre de 2016, que si bien no han tenido los resultados esperados, es un proceso que ante la situación de pandemia se ve aún más afectado, entre otras razones, debido a que las situaciones generadas a causa del conflicto armado por esta temporada, pareciera que pasaron a segundo plano y los gobiernos nacional, departamental y local no han hecho el seguimiento adecuado, ni han puesto la atención, que los diferentes sucesos ameritan.

    Yuli Artunduaga integrante de la Instancia especial de mujeres para el enfoque de género CSIVI, plantea que la implementación de los acuerdos de paz ha tenido dificultades desde su inicio, y más aún desde que comienza el nuevo gobierno nacional en la presidencia de Iván Duque, donde se presentaron significativos recortes presupuestales a los diferentes programas y proyectos que se contemplan en cada uno de los acuerdos. Una de las grandes dificultades ha sido el desconocimiento de las instancias de participación creadas, instancias donde se supone que debe ser representativa la participación de las mujeres, sin embargo, ellas siempre se han visto relegadas, situación que se complejiza aún más en época de pandemia.

    Mujeres de los sectores rurales y Mujeres Nariñenses por la Paz, reconocen que el confinamiento como medida preventiva de la pandemia ha ocasionado graves situaciones de violencia tanto de género como las generadas por la presencia de actores armados legales e ilegales en los territorios, afectando principalmente a las mujeres del sector rural.

    Según datos de INDEPAZ (2020), entre el 15 de marzo y el 04 de junio del presente año, han sido asesinadas 73 personas, de las cuales 59 son reconocidas como líderes sociales y defensores de derechos humanos, 5 son familiares o relacionados con líderes sociales y defensores de derechos humanos y 9 son personas firmantes del Acuerdo de Paz. Los departamentos de Cauca y Nariño entre los más afectados. Lo más preocupante, es que ante este escenario no se identifica voluntad política por parte del gobierno nacional para atender de manera seria y responsable esta situación.

    En la región del pacífico la lucha por el control de la cadena productiva del narcotráfico, viene afectando de manera significativa los modos de vida de las comunidades y en particular de las mujeres. Las acciones de los gobiernos se han centrado en el fortalecimiento de la presencia de fuerzas armadas, que lejos de contribuir a controlar la situación, se convierten en un actor armado más, que no garantiza la vida y la integridad de sus pobladores, de hecho, se evidencia mayor vulneración de derechos humanos en los territorios militarizados. Adicionalmente, la precaria presencia del Estado en estos territorios refleja altos índices de pobreza, las pésimas condiciones de vivienda, salubridad y educación, y en contexto de covid-19 la situación se vuelve aún más crítica y compleja.

    Dada la presencia de grupos armados al margen de la ley, se ha impuesto en los territorios la ley de silencio ante las amenazas de las que día a día la población es víctima, y en emergencia sanitaria las intimidaciones se hacen más recurrentes. Continúan los desplazamientos forzados, principalmente en la región del pacífico, los municipios más afectados son Roberto Payán, Tumaco y Olaya Herrera, donde la población ha tenido que salir de sus territorios ante la confrontación armada por la disputa de sus territorios, desafiando un riesgo alto de contagio y desbordando aún más la precaria capacidad institucional instalada en los municipios para la atención humanitaria y sanitaria de la población.

    Otra situación de alta complejidad en el marco de la precaria implementación de los Acuerdos de Paz en la época de pandemia, son las disposiciones nacionales para la erradicación forzada de cultivos de uso ilícito mediante la aspersión aérea con glifosato y el abuso de la fuerza pública contra la población civil, con el fin de imponer esta directriz. Sandra Panchalo, vocera y secretaria técnica departamental de COCCAM Nariño, dio a conocer que en estos meses se ha hecho erradicación forzada a cultivos pertenecientes a más de 17 familias en el municipio de Ancuya, y en el corregimiento de Sucumbíos una hectárea y media de cultivos de coca fue fumigada por la policía antinarcóticos, situaciones ante las cuales ya se han presentado varias denuncias por parte de la COCCAM y otras organizaciones de base. Denuncias que han traído como consecuencia una situación de riesgo para las mujeres quienes han venido liderando los temas de sustitución voluntaria de cultivos y el tema de legalización de tierras. De manera particular, a Sandra le ha implicado desplazamiento forzado en tres ocasiones.

    Este tipo de acciones además de ser muestra clara del incumplimiento del gobierno para con la implementación de los Acuerdos de Paz, está incrementando aún más la vulneración de derechos de la población campesina que habita estos territorios y con quienes se ha avanzado en la firma de los acuerdos de sustitución voluntaria de los cultivos de uso ilícito. Adicionalmente, dentro de los territorios la práctica de fumigación aérea como política antidrogas por parte del gobierno nacional, no solo atenta contra la seguridad y soberanía alimentaria, contamina y disminuye los recursos naturales y afecta la salud de las comunidades, sino que además, en el afán de cumplir metas en la destrucción de áreas cultivadas con coca, se han presentado acciones violentas por parte de la fuerza pública desde hostigamientos hasta asesinatos de la población que se opone a esta práctica.

    Ante lo anteriormente expuesto desde la visión de las mujeres rurales se recomienda:    

    • La conformación de redes de apoyo dentro de las comunidades, para la protección y denuncia ante situaciones de vulneración de derechos, el señalamiento, las amenazas y la estigmatización de la que está siendo víctima las comunidades rurales.
    • Fortalecer estrategias en defensa de la implementación de los Acuerdos de Paz y los procesos asociados a estos. En este sentido los territorios necesitan de comunidades vivas y movilizándose en la defensa de la vida y en contra de los atropellos cometidos por el gobierno nacional.
    • Movilización social permanente exigiendo la implementación del programa integral de protección y seguridad integral a defensoras de derechos y lideresas de los territorios. Programa que avanza en los departamentos de Putumayo, Sucre y Bolívar y que requiere ser implementado en departamentos como Cauca y Nariño, donde se ha incrementado la amenaza y asesinato de estas personas. Además, se exige que desde las Secretarias de Gobierno Departamental y en particular desde la Oficina de Derechos Humanos, asuma esta responsabilidad y se incluya en la formulación de planes de desarrollo.
    • Se requiere avanzar desde la sociedad civil y desde las administraciones local, departamental y nacional en procesos de acompañamiento, pedagogía y atención humanitaria en el marco del conflicto armado y de la atención a los efectos de la pandemia, a poblaciones ubicadas en sectores rurales alejados de los centros urbanos, como el caso del Corregimiento de Mayasquer en el municipio de Cumbal, Consejo Comunitario Rescate Las Varas del Municipio de Tumaco-Nariño, Comunidades Awá en pie de Monte costero, entre otras comunidades, donde hacen presencia grupos armados al margen de ley y la presencia de las administraciones gubernamentales son escasas.
    • Articular en los Planes de Desarrollo acciones que conlleven a la implementación de los Acuerdos de Paz, y de manera particular la integración de indicadores de seguimiento a las acciones con enfoque de género contempladas en estos acuerdos.
    • Fortalecer los procesos de formación y participación política de las mujeres rurales, con el fin de lograr mayor incidencia en las Juntas de Acción Comunal, los Concejos Municipales, las Asambleas Departamentales y otras instancias donde se pueda lograr mayor impacto y reconocimiento de su liderazgo social y político.
    • Es imperante para los Gobiernos departamentales y municipales actuales, repensar y replantear sus planes de desarrollo territorial en razón de la actual pandemia y en este sentido, se deben diseñar estrategias y metodologías que permitan la participación activa de todos los sectores poblacionales, en particular la participación de las mujeres quienes se encuentran en alto riesgo de vulneración de sus derechos.

     

     

     

     

     

  • Por: Edwin Rosero Casanova.Líder social y político de Mállama Nariño. - 

    Esta semana en Colombia tendrá un evento donde se verá claramente la relación de poder, los medios de comunicación ligera, el oportunismo de algunos y una sociedad sin la mínima capacidad de asombro que hace que camine por una línea tan gruesa que normalizó la muerte, la sensibilidad humana es inexistente y cada día nos cuesta levantarnos del cómodo sillón donde nos aplastamos.Los innumerables achaques que sucumbimos como sociedad no son falta de educación ni de oportunidades, es una doble moral nefasta heredada donde todos los días las conductas más abominables son aceptadas. 

    La violación de una niña de doces años por parte de soldados del ejército, debería impulsarnos y sacarnos de la parsimonia de espectadores asumida cómo quien tiene un privilegio y todos ruegan a miles de santos no tener que vivir esa fatalidad en su familia, porque sencillamente, nacieron con cierto privilegio educativo o económico. Hacer hincapié que la niña es indígena tratando de hacer una sutil diferencia con una niña cualquiera, resulta espantoso. ¿Por ser indígena es más grave? No. Es una menor de edad que tuvo que nacer en el país más desigual, más violento, más intolerante y más miserable. ¿Cómo es posible revictimizar a la niña? Muchos periodistas prepagos han dado línea sobre esto y han sembrado un manto de dudas, solo por no manchar la “honra militar”. 

    Aunque la responsabilidad es personal, existe una responsabilidad mayor, institucional por tratarse de una entidad pública estrictamente jerarquizada con línea de mando definida hasta el presidente de la república. Dicha responsabilidad debe estar acorde con el reclamo ciudadano, sin populismo ni demagogias disfrazada en el tecnicismo jurídico. Por este caso atroz conocimos el concepto entre el acceso carnal violento y el acceso carnal abusivo. Muchos abogados y penalista le han salido al paso al fiscal por declarar el caso como: acceso carnal abusivo. Y la cereza del pastel, seis de ellos en calidad de autores y al otro de cómplice. La narración de los hechos por parte de la hermana a muchos nos genera impotencia y rabia. Dice textualmente, “unos soldados la cogieron a la fuerza, le taparon la boca y no le dejaron gritar. (…) Los soldados le dijeron que no dijera nada, que la demandaban, entonces ella dijo que no iba a decir nada”.

    El asunto es grave. Enseguida los militares aceptaron la culpabilidad. Y, aquí está la astucia de la Fiscalía. Transcribo la explicación pedagógica del penalista. El acceso carnal violento: quienes ejercen la violencia son coautores con quien viola. Así, si son siete delitos, cada uno de ellos es coautor de los siete. Eso permite incrementar la pena hasta el doble del monto porque la suma de las penas es muchos mayores. El acceso carnal abusivo: al no contemplarse la violencia como parte del tipo, no podría haber coautoría impropia por no poderse dividir el acto criminal. Eso hace que cada uno de ellos responda únicamente por un solo delito de acceso carnal abusivo. La diferencia en términos de punibilidad, en el primero de 27 a 49 años; en el segundo, 17.5 a 24.5 años.

    La cadena perpetua para violadores de menores no es necesaria. Colombia tiene penas mayores para esto delitos, solo que no se aplican y en complicidad con la justicia, los culpables terminan viviendo cómodos y relajados. Mientras tanto, el daño a la víctima y a la familia es irreparable.

  • Por: Ivonne Quiñones Chaves. Periodista analista. Tumaco. - 

    Violando la Consulta Previa, el principio precautorio, los Acuerdos de La Habana y desconociendo la grave crisis humanitaria por la cual atraviesa la Costa Pacífica Nariñense, debido a la guerra a muerte que, en medio de la población civil, libran grupos armados ilegales por el control territorial y las economías ilícitas, a lo que se suma la difícil situación sanitaria y económica como consecuencia del Covid-19, Duque ha iniciado su criminal baño con glifosato sobre nuestra tierra. Justo en tiempos en que tanto Monsanto como Bayer, deberán pagar indemnizaciones multimillonarias a enfermos o a los familiares de los que murieron con cáncer debido a este agrotóxico.

    Qué impotencia tan grande se siente. ¿Cuántos moriremos de cáncer o de otras enfermedades asociadas con el glifosato? ¿Cuántas comunidades tendrán que dejar el territorio debido a la hambruna que llegará? ¿Cuántas situaciones adversas nos llegarán, cuando arrasan con el medio de sustento de miles de familias, sin políticas sociales y económicas que les permita sobrevivir? ¿De qué tamaño y cuánto durarán las afectaciones ambientales, la contaminación de la tierra, las fuentes hídricas y el mar, si las de años atrás aún no las hemos superado y es posible que nunca se superen?

    Es justo y necesario levantar nuestra voz de rechazo ante tanta infamia y crueldad de la plaga Duque, quien prefiere nuestra tragedia a contravenir las órdenes del demente, genocida y repulsivo Donald Trump.

  • Por:Erika Oliva Basante.Mg.En Etnoliteratura.  

    Desde las luchas de las mujeres, hemos defendido una posición en la que la fortaleza y las grandes luchas se han puesto como bandera, como grito. 

    Pero hoy trato de ubicarme, de saberme en este tiempo y la manera en la que puedo comenzar es desde mi debilidad y me pregunto: cuál es la verdad de mis debilidades, dónde las ubico, las transformo o dejo que tomen vida; van más allá de mi individualidad, configurándose como una mezcla de una sociedad en la que una mujer tiene que enfrentar en todo momento el saberse guerrera, luchona, poderosa, hablo desde esta acera,  no para disminuir nuestros poderes, nuestros saberes, nuestra capacidad de juntanza y lucha, sino para gritar también desde esa fragilidad en la que nos encontramos actualmente en la sociedad. Lo importante, es que las mujeres, hemos enfrentado nuestras debilidades que han sido normalizadas desde los estereotipos impartidos por la sociedad y hemos tenido tanta alegría y coraje que se han transformado en nuevas maneras de sabernos en este universo, de entregar amor, de cuidar de nosotras mismas, de nuestrxs hijxs, de proteger sus vidas y las nuestras, como lo ha planteado el ecofeminismo; somos tan fuertes que nuestras debilidades se transforman, se vuelven tierra negra, tierra amorosa. 

    En medio de todo, seguro, nos sentimos solas, y nos preguntamos constantemente, porque debemos asumir tantas situaciones con tanta lucha y poco descanso, siempre me respondo que la crianza y el cuidado es un asunto de mujeres y eso me duele, me enoja, me deja sin fuerzas y ahora en esta pandemia, en este confinamiento, hemos logrado sacar adelante familias y nos hemos enfrentado a la soledad en maneras increíbles, lloramos y somos felices. Todo se ha puesto a prueba, en una sociedad donde tenemos que saber que corremos peligro, que además del virus, la violencia se ha vuelto normal y está a la vuelta de la esquina.  Personalmente, a veces tengo miedo, tengo dolor y bajas energías. Escribo para seguir entendiéndome como mujer en esta sociedad que ahora está dentro de sus casas, o fuera sin poder protegerse.

    Creo que podemos levantarnos, pero creo también que la sociedad tendría que acompañar en este levantamiento, dejar de criticar, de juzgar, de poner en tonos morales el sufrimiento, el cansancio y también la felicidad, la libertad de ser; de no cumplir con los estereotipos o de simplemente estar sola sin sentir miedo a hacerlo.  Y al escribirlo parece una utopía, que seguramente no será posible ahora, que tendré que cerrar la puerta de mi casa para sentirme segura y que el sistema seguirá valiéndose de nuestras historias para revictimizarnos.  ¿Es posible vivir así? Saltando entre el poder salir adelante pero también en el protegernos de la sociedad que esconde la debilidad y se vale de ella para seguir alimentando la violencia que está presente con vehemencia.

    Somos muchas mujeres, de todas las edades haciendo reflexiones, son muchos hombres y diversidades apostando por transformar este tiempo, todos los tiempos; pero ahora las soledades y las debilidades se colocan en memes en las redes sociales, se juzga si estuviste de fiesta y luego apareciste, se hace caso omiso a la perdida, al acoso, al abuso; todo se justifica y ahí las mujeres, abrazamos nuestras vulnerabilidades y porque? talvez no estamos preparadxs para cuidarnos y el cuidado se ha puesto en las manos de las mujeres y en ese cuidado se nos olvida que somos débiles, que nos enojamos, que no podemos más.

    Porque no cuidamos entre todxs nuestras vidas y dejamos de justificar los abusos o preferir la muerte. Ser mujer para mi es hermoso, pero requiere enfrentarnos a lo que toda la sociedad nos plantea y en mi posición es importante que se tenga en claro que las mujeres, debemos cargar con responsabilidades que este sistema no ayuda a reducir.

    Entonces abogo a que la sociedad nos permita ser quienes queremos ser, ser en el llanto y en la profunda alegría, en la rebeldía y en la ausencia de la misma, ser siempre o no ser nunca.  Pero que nos dejen vivir, que dejen de mirarnos desde el juicio y que entre nosotras nos volvamos a encontrar para reconocernos sin miedo, reconocernos diferentes y podamos vivir “libres, locas y sin miedo”, porque  cuando la sociedad coloca a las mujeres en esta posición de luchonas; y con esto justifica cualquier tipo de violencias; seguramente no está mirando que al igual que todos los seres humanos, necesitamos protección, no podemos hacerlo solas; las violencias no se transforman si no reconocemos que el daño se sucede cuando no revisamos como nos estamos relacionando con lxs otrxs, si no analizamos nuestro ejercicio del poder, del mirarnos por encima y así justificar la agresión.

    Entonces, ¿es posible que se comprenda esta debilidad como una manera de protegernos entre todxs?, las violencias hacen daño hacia quien vayan dirigidas, yo enuncio  hoy las dirigidas a mujeres; porque en esta pandemia nos hemos visto expuestas a un sinnúmero de daños, y estamos decididas a defendernos; quiero hacerlo  desde esta mirada, en la que podemos  decir lo mal que nos sentimos, lo solas que estamos en algunas ocasiones, lo  cansadas que estamos en las labores de cuidado, lo angustiadas que estamos cuándo vivimos solas y podemos enfrentar algún riesgo en el que nuestra debilidad pueda ser la excusa para el daño. Somos vulneradas, somos dañadas, sufrimos, nos sentimos débiles y no es solamente característica de las mujeres, los hombres, las diferencias también lo sienten; si logramos entender el sufrimiento de lxs otrxs, talvez dejemos de hacer daño, es ahí a dónde quiero llegar y el sufrimiento proviene de los lugares de nuestra historia, de nuestro cuerpo, de nuestras emociones en los que somos débiles, en los que no hemos aprendido a defendernos y que no es característica de las mujeres, es una condición humana: el dolor está presente en todxs.

    No nos hagamos daño, cada unx de nosotrxs tiene dolores que en cualquier momento pueden ser abiertos como una caja de pandora; ¿porque ocasionarlo? ¿Porque hacerle daño a alguien?, porque utilizar las redes para invadir la tranquilidad de otrxs? ¿Porque violar, matar, juzgar? Y en todo esto, ¿porque no reparar? Si reconozco mis debilidades, seguramente puedo reconocer también las maneras en las que me puedo proteger, defenderme; es un ejercicio de autocuidado, de auto protección: si nos vemos en la debilidad, sabremos cómo cuidar de nosotrxs, si vemos la debilidad de lxs otrxs: sabremos también, como cuidarles. Creo que nos estamos saltando ese primer momento: cuándo nacemos, lo primero que saben quiénes nos reciben es que hay un ser al que cuidar, es el momento de mayor fragilidad, la cual es protegida, cuidada, consentida y así vamos adquiriendo herramientas para sostenernos en la vida.  Así mismo, creo que ahora podemos empezar a entablar estas nuevas relaciones, comprendiendo que estamos sufriendo, que los nuevos tiempos nos han impuesto maneras en las que nos estamos transformando, pero que, si ha implicado el revisarnos desde esos dolores, esas debilidades que a veces escondemos.

    El abuso, la violación, el feminicidio nos afecta a las mujeres, nos daña y deja en evidencia la debilidad de una sociedad que no cuida de sus otrxs, de quienes están al lado, porque dejo de ver la esencia y por el contrario se aprovechó de ella para evidenciar su poder.

  • Por: Harold Ruiz Moreno. Exconcejal de Pasto.

    “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.  (Bertolt Brecht).

    Una  mujer de baja estatura, con voz contundente, de gran inteligencia, capacidad y entrega total al servicio de lo público, enamorada de la vida de los trabajadores, fiel siempre a las ideas comunistas, militante de la izquierda democrática, valiente y luchando toda su vida por la libertad y la justicia social, hecha a pulso y con un recorrido que envidiaría un señor como el presidente Iván Duque Marqués, quien irrespeto a una mujer aguerrida que tiene una hoja de vida que es pertinente conocer.

    Siendo muy joven inició su larga carrera como profesora de escuela, Aída Yolanda Avella Esquivel, nació en 1949 en Sogamoso (Boyacá), en una familia liberal liderada por su abuelo y ex alcalde del pueblo Efraín Avella. Tras graduarse de psicóloga en la Universidad Nacional, entró a trabajar al Ministerio de Educación y se vinculó con el mundo sindical. Ingresó como líder del sindicato de los trabajadores de la educación, SINTRENAL, llegó a la presidencia del sindicato a nivel nacional y saltó a presidir la federación nacional de los sindicatos de los trabajadores del estado, FENALTRASE de la que también fue su presidenta.

    En los años ochenta se vinculó al Partido Comunista y luego a la UP, el partido que nació de las fallidas negociaciones entre el Gobierno y las Farc en el gobierno en los años ochenta, pero continuó trabajando como líder sindical y llegó al comité ejecutivo de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), la mayor central sindical del país.

    En 1991 llegó a la Asamblea Nacional Constituyente, elegida en la misma lista con el ex Canciller conservador Alfredo Vázquez Carrizosa, presidió la Constituyente durante su primer mes de vida de la misma y estuvo en la Comisión Primera, donde trabajó sobre todo temas de derechos humanos y el rol de los militares,

    Ese mismo año asumió la dirección de la Unión Patriótica, justo durante su época más álgida y meses después de que fuera asesinado su candidato presidencial Bernardo Jaramillo Ossa, y cuando ya habían sido asesinados unos cinco mil militantes de ese partido.

    Fue concejal de Bogotá durante dos períodos después de la Constituyente, y con la segunda mayor votación. Estuvo en el Concejo hasta que el 7 de mayo de 1996 escapó ilesa de un atentado con una bazuca en plena Autopista Norte, tras lo cual abandonó el país. Durante los siguientes 17 años vivió en Ginebra (Suiza) y se dedicó a apoyar los reclamos y pleitos del sindicalismo en organismos como la Organización Internacional del Trabajo, gracias a sus vínculos con la Federación Sindical Mundial (FSM).

    Regresó al país en noviembre de 2013, para asistir al congreso de la Unión Patriótica, que había sido resucitada seis meses antes por un fallo del Consejo de Estado que reconoció que, si el partido había perdido la personería jurídica, había sido por no tener físicamente candidatos. En ese congreso, la UP designó a Aida Avella Esquivel como su candidata presidencial. Hizo campaña durante tres meses hasta que, a solo un día para que se venciera el plazo para inscribir candidaturas, la UP y el Polo Democrático llegaron a un acuerdo programático que convirtió a Avella en la fórmula de Clara López. Al final obtuvieron casi 2 millones de votos, quedando en en el cuarto lugar de esa competencia por llegar a la Presidencia de la República.

    En 2018 se lanzó al Senado como parte de la Lista de la Decencia, integrada por su partido, la UP, así como por Colombia Humana, de Gustavo Petro, el Maíz y la ASI. Salió elegida con 57 mil votos, la segunda votación más alta de la lista después de la del senador Gustavo Bolívar, y hoy es una de las senadoras más brillantes del congreso del país.

    Esta larga vida de entrega a la nación de la Senadora Aida Avella Esquivel, es el fiel testimonio de la verraquera de la mujer colombiana, en un país machista, violento, donde la mujer ha sido un trofeo de guerra, donde la violencia sexual, el feminicidio y frases agresivas como la pronunciada por el presidente de la República, son la muestra de lo que han tenido que padecer la mujer.

    Hoy el país entero rodea a la senadora Aida Avella Esquivel le reconoce su entrega y dedicación a la defensa de la mujer, los trabajadores, los sectores más necesitados y la democracia de la nación, y rechaza de manera contundente el agravio de quien debería respetar a la mujer, pero se demuestra  que  el presidente Iván Duque desprecia a la oposición, en su  gobierno volvieron las masacres, los asesinatos  de más  700 líderes sociales, 271 firmantes de la paz, perfilamientos y persecución a la oposición.

  • Por:Juliana Echeverry .

    Todas.Incluso quienes jamás concebimos antes de la posibilidad de ser madres.

    Todas sabemos, en el fondo, qué tipo de madres queremos ser.

    No poder cumplir ese deseo constituye, quizás, uno de nuestros más profundos dolores.

    La decisión:

    Empezaré por reconocer que la decisión de ser madre la tomé por temor a perder algo que busqué durante toda mi vida: una familia.Mi familia era, como muchas familias contemporáneas, de dos.

    Mi esposo y yo llevábamos una vida simple, tranquila y un poco hedonista.

    Un embarazo no planeado apareció y con ello un horizonte incierto en el que había por lo menos dos posibilidades: intentar tener una familia de tres o aplazar esta primera posibilidad -tal vez para siempre-, a riesgo de cargar con una culpa por mucho tiempo.

    Yo, Juliana, siento culpas.Todos los días me culpo por algo distinto.Y sé cuánto me cuesta cargar con ello.Por eso pensé -y trato de no juzgarme por eso- que decidir interrumpir mi embarazo acabaría con todo lo que tenía en ese momento, incluida mi estabilidad, mi felicidad y el amor mutuo y bueno con el que contaba.

    No sé cuántas mujeres han decidido ser madres, libres de cualquier condicionamiento externo, pero creo que no son muchas.

    Pocas cosas me llaman más la atención que las mujeres que afirman querer tener hijos.Siento algo similar cuando un hombre me dice que habría preferido ser mujer.Desconozco serán sus motivos, pero, desde mi perspectiva, es tan llamativo que una mujer esté dispuesta a perder los privilegios que tiene por el hecho de no ser madre, como un hombre que esté dispuesto a perder los privilegios que se le han otorgado por no haber nacido mujer.

    Esta discusión, por supuesto, es interminable, pero no quería dejar de plantearla.

    Como sea, yo debo decir que no decidí estuvo libremente ser madre, porque mi decisión atravesada por dos condiciones para nada desestimables: estaba casada y estaba embarazada.

    Desde allí han seguido un sinnúmero de situaciones a las cuales me he visto abocada y es por esto que me atrevo a afirmar que: casi nada de lo que ocurre en mi rol como mamá lo decido yo.

    La proyección:

    Con el embarazo, como lo he manifestado antes, se viene un largo proceso de introspección y revisión de deseos, de buenos y malos recuerdos, y de luminosas y oscuras proyecciones.

    Tenía en mi mente ser una madre productiva y exitosa, tal y como las mujeres que más admiro y quienes son, consciente o inconscientemente, mis madres referentes.

    Quería también un hijo feliz, autónomo e inteligente.

    Al mismo tiempo quería evitar que mi hijo tuviera mí misma niñez. Supongo que todes en algún momento queremos alejar a nuestros hijos de la posibilidad de repetir nuestras historias, y no porque hayamos sido insoportablemente desafortunadas, si no por algo muy básico: porque seguramente nuestros padres, al igual que nosotras, tampoco fueron los papás que hoy desearían haber sido. En mi caso, el patrón que no quería reproducir es el haber visto a mis padres muy poco y haberlos visto casi siempre agotados por sus ritmos laborales.

    Insisto: todas sabemos qué tipo de madres queremos ser y qué tipo de vida queremos darles a nuestros hijos, pero es muy difícil conciliar esto con nuestras propias posibilidades.

    En mi caso, las tres proyecciones estaban en pugna y estaban, por sobre todas las cosas, irresueltas:

    El trabajo se demoró años en volver a aparecer y con ello mi idea de ser una madre productiva.

    Mi esposo se convirtió rápidamente en un padre excepcional, pero con ello llegó también una lista eterna de responsabilidades asociadas a la crianza con apego: lactancia exclusiva, escucha exclusiva, tiempo exclusivo y todo exclusivo, en función de que el hijo, se convirtiera en esa segunda proyección: un niño feliz y sumamente inteligente.

    Lo de autónomo sigue siendo un deseo porque su estabilidad sigue dependiendo de nuestra exclusividad.

    La realidad:

    Para mí ser mamá ha sido una experiencia sumamente trascendental. Intelectualmente ha sido un reto ubicarme dentro de un contexto que me permita entender por qué me cuesta tanto conciliar el ideal de vida que tenía antes de ser madre con la vida que tengo. He culpado a los medios de comunicación, al mundo laboral, a mis amigos, a mi esposo, a mis papás (nunca a mi hijo, por lo obvio), pero en el fondo sé que el peso de criar es excesivo por razones más profundas que espero poder ir desentrañando conforme avance este texto.

    Para mí, lo más difícil de ser mamá es haber perdido con ello la libertad de hacer sin que esto afecte todo lo demás. Cuando se es madre, cada hora cuenta y cada decisión afecta la vida de dos o de tres. No puedes sencillamente hacer una siesta cuando lo necesitas, porque para hacerlo deberás poner en primer término una cantidad de condiciones que no dependen de ti. Tampoco podrás viajar, escapar, emborracharte o pernoctar donde tus amigas porque eso podría llegar a costarte todo.

    Como me lo dijo una buena amiga: “ser madre te devuelve a la minoría de edad”: más exactamente, te devuelve las restricciones que se tienen en ese momento de la vida y espero poder explicar por qué.

    Hace un poco más de un año mi hijo entró al jardín. Fue la primera vez desde que nació que no debí pedir permiso para bañarme, para escribir o para trabajar.

    Me entregué a la guitarra como jamás en mi vida lo había hecho. Compuse canciones, leí cuanto texto llegaba a mis manos, tomé clases de canto, hablaba con mi esposo, escribí un proyecto para una película y varias entradas para este blog. Cada segundo de las ocho horas que mi hijo pasaba diariamente en el jardín lo ocupaba en alguna de mis vocaciones, hobbies, deseos, proyectos o trabajos.

    Con la pandemia, todo eso cambió. Nuevamente éramos dos al servicio de sus 14 horas de vigilia, de sus juegos, de su alimentación, de sus ansias de aprender, de correr, de ser. Pero todo lo demás seguía allí, porque antes de ser mamá soy un montón de cosas más, que estuvieron en pausa durante mucho tiempo y que volvieron a salir con más ímpetu que antes, apenas les di vía libre.

    No. No se murieron con la pandemia. Seguían allí, silenciadas, haciéndome un hueco en el estómago.

    Al principio decidí hacerle frente a la situación de manera estoica y callarme y cuidar mientras todo se normalizaba.

    Obviamente esto no sucedió y, después de varias discusiones, algunas cosas se fueron asentando. Apareció con ello esta amarga certeza de que no me siento cómoda destinando mi vida al cuidado y que necesitaba tiempo para producir. Por eso tuvimos que redistribuir funciones en aras de que cada uno contara con unas horas mínimas semanales para sí mismo: mi esposo para dar sus clases y yo para intentar surfear este mundo de la informalidad laboral de los FreeLancer.

    A mí esto me parece obvio, pero no sé si lo será para cualquiera: en mi casa no se pide tiempo para descansar; se pide tiempo para producir. Cada segundo del tiempo que mi esposo cuida de nuestro hijo, yo lo utilizo para solventar mis y nuestras necesidades más vitales: el trabajo (el que es remunerado y el que no), el aseo personal y la alimentación. En mi casa trabajamos y cuidamos dos. Hasta ahora yo, al contrario de mi esposo, no tenía horarios, pero ambos aportamos de manera equitativa a la economía del hogar. Por eso, ambos tenemos el derecho o la necesidad de un tiempo sin hijo que nos permita cumplir con otras obligaciones.

    Esto lo pongo sobre la mesa porque lo personal es político y porque me he sentido juzgada por no ser yo quien va todos los días al parque con su hijo, contrario a la mayoría de mamás de mi barrio. Ellas, que no cuentan con el apoyo de sus esposos para el cuidado de sus hijos, me ven como una mujer privilegiada y han cuestionado ese privilegio.

    Yo no puedo decirle a ciencia cierta qué pasa por la cabeza de mi esposo. Sé que los consensos a los que hemos llegado parten del entendido de que, por un lado, él disfruta enormemente cuidar, que le gustan los parques, que disfruta de los juegos de rol que propone un niño de tres años y que esto responde a cuestiones muy particulares de su historia de vida, que es mejor las cuente él mismo cuando así lo sienta conveniente. Y, por otro lado, que somos una pareja contemporánea, feminista y equitativa que comparte derechos y deberes.

    Sin embargo -y ésta también es una discusión extensa-, el hecho de haber crecido en una sociedad patriarcal, le enseñó, como a la gran mayoría de los hombres, que las responsabilidades que él ha asumido son naturalmente mías, y que él ha accedido a perder privilegios en nombre del amor (de esposo y padre).

    Cada vez que aparece este fantasma. Cada vez que alguien pregunta: “¿y por qué el niño no vino con la mamá?, ¿cómo es que se distribuyen ustedes el tiempo si a ella no la vemos? o ¿por qué tienes que ser tú el que le dé la comida?” ocurre en su interior una confrontación. Y aparece esa figura del macho que no cuida, que provee lo suficiente para que en la casa no falte nada y que es, en últimas, también una cruz.

    La conclusión:

    Pese a que es difícil elaborar conclusiones; pese a la certeza de que las condiciones de cada mujer son distintas; y pese a que el camino del maternaje es cambiante y con ello nuestras reflexiones, me atrevo a aseverar lo siguiente: nunca seremos las madres que queremos ser porque cada una de nuestras condiciones condiciona (valga la redundancia) nuestro desempeño.

    Si lo que queremos es delegar, dependeremos para hacerlo, o bien del dinero, o bien de la cercanía y/o la voluntad de aquellos que nos rodean. Si no lo tenemos, esa necesidad se verá restringida.

    Si lo que queremos es un hije criado con la presencia exclusiva de su(s) padre(s), madre(s), deberemos postergar un sin fin de necesidades que en muchos casos serán impostergables. Sobre todo, si no se tienen las condiciones económicas para hacerlo.

    Mucho de esto redunda en lo económico porque la reproducción social es una responsabilidad privada. El cuidado exige tiempo, fuerza y voluntad, y no es retribuido. El trabajo, por el contrario, exige lo mismo, pero sí se retribuye (mejor o peor según las condiciones económicas en las que estamos insertos). En esos términos, la conclusión más ágil sería que es mejor trabajar que cuidar, pero cuando somos padres esta dicotomía no puede resolverse escogiendo una u otra opción, sino buscando salidas que generalmente nos hacen sentir de alguna manera oprimidos y que casi siempre nos revelan una verdad que no es fácil asumir y es que ya no somos solo fuerza laboral, sino papás (mamás).

    Para terminar, quiero decir dos últimas cosas:

    Yo conozco mis privilegios y acá los he narrado. Pero a diferencia de mí, allá afuera, una de cada dos mujeres debió renunciar a sus empleos por causa de la pandemia y las demás están haciendo malabarismos para sortear este problema que no es de hoy sino de siempre: conciliar la vida con el cuidado.

    Desde mi perspectiva y desde las tácticas que en mi casa hemos desplegado para hacerle cara a esta situación, debo decir que, mientras el cuidado siga siendo un tema que se resuelve en la intimidad del hogar, va implicar siempre una suma de renuncias. Es ésa la razón de ser de este manifiesto: poner en la mesa que criar es un laberinto que no tendrá salida hasta que no se convierta en un tema de todas y todos.

    Tomado de https://paraquetenerunblog.wordpress.com/2020/10/29/conciliarlavidaconelcuidado/

    Juliana Echeverry .Comunicadora Social y Periodista de la Universidad del Valle.Maestra en Antropología Visual y Documental Antropológico de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales - Sede Ecuador.Con experiencia en trabajo con mujeres, desde un enfoque diferencial y de género.Fundó y dirige el BlogPara qué tener un Blog Un Blog de maternidad. https://paraquetenerunblog.wordpress.com/ 

  • Por:Nidia Jaydivi Colorado.Docente, Feministas.En Semanario Voz.

    El siglo XXI aparenta configurar una época en la que se liberan las opresiones de género desde las políticas públicas.Sin embargo, el espíritu patriarcal del bloque hegemónico mantiene y agudiza la violencia estructural contra las mujeres.

    Desde su reconfiguración en el siglo XVIII en medio del proceso de la Revolución Francesa, la burguesía traiciona el proceso revolucionario y decide constituirse en una nueva clase dominante, se separa del proletariado y de la clase popular y se convierte en una nueva parte del histórico bloque de poder conformado por las monarquías, la nobleza, la Iglesia, los comerciantes, entre otros.

    Tanto el siglo XIX como el siglo XX demostraron consolidar y reconfigurar una élite mundial, el cual concentró el dominio principalmente de la economía, la historia, la política y el Estado.A pesar del proyecto de Estado moderno y el componente social de la modernidad, producto de un arduo político, intelectual y social de la ilustración ejercicio, la sociedad occidental no transformó de fondo su estructura de dominación;ordena, por el contrario, un Estado moderno del bloque hegemónico.

    Un proyecto fallido

    Se reduce entonces un gran proyecto social a los intereses de los grupos dominantes e inician su depredadora expansión global.Hasta entonces, los mismos triunfos de la Revolución Francesa garantizaban un mínimo de derechos para la población y cierta estabilidad democrática que se fue perdiendo gradualmente por la concentración exacerbada de la riqueza y la consiguiente subyugación de la economía a la acumulación de capital.Otro aspecto, no menos importante, que deterioró las condiciones reales del proyecto democrático moderno lo marcan las guerras mundiales y su profunda fractura social e histórica en el proyecto de “humanidad”.

    Estas condiciones fueron aprovechadas una vez más por las clases dominantes ya partir de los años sesenta y setenta se construyen las teorías económicas y políticas del neoliberalismo, desde las cuales limitan las posibilidades y alcances de la política pública;aún más, la de un proyecto social estatal, público, gratuito y equitativo para los seres humanos.Determinan entonces los neoliberales de la época que será la fuerza pública, del mismo modo que actuaron las monarquías absolutistas en su momento, la que impondrá, reformará y ejercerá un dominio social y no un contrato social, democrático y moderno.

    Dichas expresiones arbitrarias absolutistas y militaristas, privatizaron la mayor cantidad del acumulado material de las sociedades, producido este con el esfuerzo de la mayoría de la población y el único objetivo de servir a la especie. Empero, el acumulado material, público y colectivo de los países se trasladó a las fortunas de grupos empresariales, políticos y académicos que defendieron y defienden el neoliberalismo a costa de la vida de millones de personas.

    Significa, entonces, para el siglo XX que no solo las guerras mundiales fueron la causa principal de muerte en varias décadas, sino también el neoliberalismo y su autoritaria implementación, son causa estructural de la muerte, desaparición, tortura, miseria y violencia contra millones de personas.

    Frutos del orden hegemónico

    En este contexto el mundo llegó al siglo XXI en un ambiente deteriorado y un Estado deslegitimado, con instrumentos de la política carente de perspectiva social a partir de lo que se conoce como la violencia democrática del Estado neoliberal. El siglo XXI no planteó o no ha planteado un cambio significativo en este orden hegemónico y es difícil creer que las iniciativas de políticas públicas a favor de erradicar la discriminación de género y la violencia contra las mujeres generen desde esta perspectiva algún tipo de confianza.

    Observamos con preocupación que los derechos de las mujeres se presentan en el mismo sentido de la contradicción de clases, es decir, que los derechos y los propósitos de estas democracias se enfoquen en privilegiar a las mujeres ricas y prestigiosas de la sociedad civil, en favorecer a las mujeres que pertenecen a las élites, y no en ayudar a mujeres con profundas necesidades como lo pueden ser las mujeres campesinas, afroamericanas, indígenas, raizales, excombatientes, de sectores históricamente marginados, de estratos bajos, etc.; campo social en el que ubicamos la mayor cantidad de población, allí evidenciamos que el proyecto democrático actual sólo responde a intereses e influencias de los colectivos que construyen históricamente un bloque hegemónico, no sólo en América, sino a partir de hegemonías mundiales.

    La negligencia

    Por otro lado, las prácticas asistencialistas del Estado se presentan como espacios burocráticos y de cooptación de recursos hacía múltiples espacios intermedios que impiden la incidencia real del apoyo y los recursos en las comunidades mencionadas. Claro ejemplo de esto se puede analizar en la implementación del enfoque de género en los acuerdos de La Habana y las comunidades de mujeres beneficiarias.

    Si bien los grupos feministas, organizaciones sociales y políticas de mujeres han logrado interesantes avances y espacios contra la violencia estructural y el paradigma cultural del patriarcado, son logros propios que no corresponden a la voluntad política de la concepción o ingeniería social con la que se pensó el Estado neoliberal.

    La violencia contra las mujeres constantemente ejercida por las Fuerzas Armadas son un claro ejemplo de la negligencia institucional, pero además demuestra que la intencionalidad estatal no respeta las reivindicaciones de las mujeres. Sólo en la medida esnobista de ser funcional a sus campañas electorales y campañas de imagen, la defensa de las mujeres resulta ser un propósito loable.

    Muy superficialmente algunos partidos políticos han implementado acciones políticas y sociales en pro de la protección de los derechos de las mujeres, pero sus acciones y actitudes se transforman una vez que en la realidad social se involucran sectores políticos, económicos, militares, culturales y académicos de sus círculos o cercanos a ellos.

    Esa hipocresía es incapaz de levantar banderas feministas o de políticas de mujeres, por el contrario, son cómplices de los diferentes tipos de violencia estructural que promueven la negligencia y la corrupción. Además, su mezquindad para con los seres vulnerables de la sociedad hace que las mujeres sean cada vez más pobres y vulnerables.

    Sin confianza

    En Colombia la feminización de la pobreza es consecuencia directa de la violencia estructural o del Estado contra las mujeres, estos preocupantes casos son visibles en mujeres migrantes, adolescentes, infantes y muchísimas más categorías en las que cada vez más se amplía el espectro estadístico con el que responde la institucionalidad, las mismas que se enfrentan a condiciones sociales difíciles, una inexistencia de recursos, de derechos y abandono explícito del Estado.

    El Estado colombiano no garantiza los derechos sociales, civiles, políticos, económicos y culturales de la población y no cumple con los compromisos internacionales sobre la protección de derechos humanos en Colombia.Por lo tanto, no es un Estado en el que las mujeres podamos confiar.

    @NidiaJaydivi

    Tomado de: Semanario VOZ,https://semanariovoz.com/una-mirada-feminista-al-estado-opresor/ -25, 20200124. Foto Sophie Martínez

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